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La triste historia de la halterofilia búlgara con el dopaje

Redacción por Redacción @besoccer_com - 3

Pin El búlgaro Ivan Markov. EFE/Archivo
El búlgaro Ivan Markov. EFE/Archivo

La triste historia de la halterofilia búlgara con el dopaje

Redacción por Redacción @besoccer_com - 0 3

El equipo nacional búlgaro de dopaje ha dado positivo por halterofilia. Este tragicómico chiste, que se ha hecho popular a través de las redes sociales, define la actual situación de un deporte en el que Bulgaria dominó en el pasado los podios mundiales.

El pasado 21 de noviembre, el Comité Ejecutivo de la Federación Internacional de Halterofilia decidió que Bulgaria no participe en los Juegos Olímpicos de Río 2016, debido a un generalizado escándalo de dopaje hecho público el pasado marzo.

En aquel momento, un control por sorpresa reveló abuso de sustancias prohibidas en los campeones europeos Ivan Markov y Milka Maneva, justo cuando se preparaban para participar en el Campeonato europeo que se celebró el pasado abril en Tiflis.

Los dos dieron positivo por el anabolizante estanozolol y quedaron vetados para participar en la competición europea.

Una situación que no es nueva. Si bien la halterofilia ha dado a Bulgaria más medallas que cualquier otro deporte, con excepción de la lucha libre, su historia está también marcada por el dopaje.

"Lo que tienen en común todos estos incidentes es que los presidentes de la federación búlgara y los entrenadores insisten siempre en que la culpa no es suya, mientras que los atletas dicen que son víctimas de una conspiración internacional para impedirles ganar medallas", explica el periodista deportivo Valentin Marinov.

En declaraciones a Efe, este experto en halterofilia asegura que los levantadores suelen argumentar que no sabían que el preparado que estaban tomando contenía sustancias prohibidas.

El primer gran escándalo de la halterofilia búlgara se remonta a los Juegos de 1976, cuando se le retiró la medalla de oro a Valentin Hristov y la de plata a Blagoy Blagoev, tras detectarse en sus pruebas un esteroide anabolizante.

Doce años más tarde, en Seúl, Mitko Grablev y Angel Genchev perdieron sus oros al dar positivo. En plena celebración de los JJOO, se prohibió a todo el equipo nacional seguir participando, ante lo que el entonces entrenador, Ivan Abadjiev, reaccionó diciendo que se trataba de un complot de Estados Unidos.

En Sidney 2000, a Bulgaria le retiraron dos oros y un bronce por positivo de furosemida.

La lista suma y sigue: el mundial de Vancouver de 2003, las Olimpiadas de Atenas de 2004, las de Pekín de 2008.

En el escándalo del pasado marzo, cuatro de los atletas que dieron positivo son reincidentes, lo que significa el fin de sus carreras deportivas.

Se supone que la sustancia prohibida estaba en un suplemento nutritivo llamado Tribest, conocido como el "viagra de hierbas" por estimular la actividad sexual y la producción de testosterona.

Según el ministro de Deporte, Krasen Kralev, los atletas son completamente inocentes.

"Ellos no sabían que tomaban un suplemento con una sustancia prohibida que no debería formar parte en su composición y cuya existencia no está señalada en el embalaje", ha argumentado.

Con todo, el ministro ha reconocido que la repetición de casos de dopaje y la constatación de que la federación de halterofilia ha recurrido al dopaje desde la época del comunismo, no ayuda a generar confianza en este deporte.

Por ello, ha anunciado una estrategia nacional contra el doping.

Bogomil Petrov, que hace 51 años logró el primer récord mundial búlgaro en la Olimpiada en Tokio, también asegura que hay abuso de sustancias, pero que en su época no era así.

"Cuando yo era deportista activo, nosotros no usamos medicinas prohibidas, simplemente porque no sabíamos que existían y no porque fuéramos santos", ha comentado Petrov.

Según el ex deportista, el último escándalo de dopaje se ha debido a las luchas internas por el control de la federación búlgara, en una maniobra para hacer caer a la actual dirección.

Sea como sea, la reputación de los deportistas búlgaros ha quedado muy dañada.

"He oído de deportistas búlgaros que compiten en Alemania, que los inspectores les hacen pruebas dos o tres veces más y más cuidadosamente que a los de otras nacionalidades", ha lamentado Petrov, que asume que hoy día dopaje y deporte están unidos.

"Dios ha dado al ser humano ciertos limites físicos. Hace 50 años, el peso máximo en la halterofilia era 160 kilos y hoy día los pesistas levantan más de 200. Esta diferencia de 40 kilos se debe a las sustancias permitidas y prohibidas", ha declarado recientemente a la emisora BNR.

Una apuesta por lo artificial que en Bulgaria empezó como una forma de propaganda del antiguo régimen comunista para demostrar al mundo que "este sistema y esta ideología es la mejor", opina.

"Durante el comunismo los pesistas y los luchadores búlgaros eran como máquinas y armas humanas en la lucha entre los dos sistemas que dividían al mundo", coincide con él Adela Peeva, directora de la película "En nombre del deporte", rodada en 1983 pero que fue prohibida por la entonces dictadura comunista.

Redacción

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