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La última victoria del primer mito del motociclismo español, Santiago Herrero

Redacción por Redacción @besoccer_com - 0 2

Pin El piloto español Santiago Herrero (d), y su mecánico, durante el Gran Premio de Yugoslavia de motociclismo. EFE/ma/Archivo
El piloto español Santiago Herrero (d), y su mecánico, durante el Gran Premio de Yugoslavia de motociclismo. EFE/ma/Archivo

La última victoria del primer mito del motociclismo español, Santiago Herrero

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El madrileño Santiago Herrero estaba llamado a hacer historia en el motociclismo español a nivel mundial antes que nadie. En el circuito yugoslavo de Opatija, en el Gran Premio Adriático, un 24 de mayo de hace exactamente 50 años protagonizó en la categoría de los 250 c.c. la que acabó siendo la última victoria de su carrera deportiva.

El madrileño Santiago Herrero estaba llamado a hacer historia en el motociclismo español a nivel mundial antes que nadie. En el circuito yugoslavo de Opatija, en el Gran Premio Adriático, un 24 de mayo de hace exactamente 50 años protagonizó en la categoría de los 250 c.c. la que acabó siendo la última victoria de su carrera deportiva.

 

En la imagen de aquel día de 1970 aparece acompañado por Manuel Esteban Oliveras. Herrero y Esteban, que falleció en febrero de 2013, eran amigos desde la época del piloto con la marca Lube, en donde también compartió experiencias con César Gracia para el desarrollo de las motos de competición en Baracaldo, junto al ingeniero alemán Hermann Maier.

Herrero consiguió hacer que su pasión por el motociclismo contagiase a todo su entorno. Primero a los responsables de Ossa, la marca española con la que logró sus grandes éxitos el piloto madrileño. Disponía de un potente motor de un solo cilindro con una innovadora válvula rotativa y un chasis revolucionario para su época, de configuración monocasco y realizado en chapa de magnesio. Causó una auténtica revolución en el mundial de motociclismo y fue el precursor de la tecnología que llegaría años más tarde con las célebres ?balas rojas? de Derbi.

Aun así, Ossa, cuya primera ayuda al piloto fue un Seat 1500 adaptado para llevar la moto y viajar por toda Europa desde 1968, no lo tuvo claro hasta esa temporada de 1970. La situación económica de España no era la ctica su mano derecha, Manuel Esteban Oliveras. El mundial de motociclismo era entonces eso, un ejercicio de pasión y sacrificio que llevaba a todos los pilotos a viajar por Europa en furgoneta y en unas condiciones mínimas, muy distintas de las actuales, incluso para un equipo oficial como ese año fue el de Ossa. Pero con la convicción para todos ellos de estar peleando por un sueño que, para el piloto madrileño, lamentablemente acabó en la siguiente prueba: murió en la zona conocida como Westwood Corner del circuito de la Isla de Man al colisionar con el piloto Stanley Wood, que también falleció días más tarde.

En Opatija, tercera carrera del año, Santiago Herrero ganó su primer gran premio de la temporada de 1970 por delante del sueco Ken Andersson, al que aventajó en cuatro segundos, y del británico Rodney Gould, que acabó proclamándose campeón del mundo ese año pero atravesó la línea de meta con más de 52 segundos de desventaja. El circuito tenía seis kilómetros de recorrido. Andersson y Gould pilotaban sendas Yamaha, marca que en aquella época dominaba con mano de hierro la categoría.

Herrero, que había concluido tercero el campeonato del mundo de 250 c.c. un año antes y era uno de los favoritos de la categoría, llegaba a Opatija con la necesidad de lograr una victoria, que consiguió, para mantener sus aspiraciones a luchar por el título mundial.

Al principio de esa temporada Santiago Herrero se había tenido que retirar en la carrera alemana, disputada en el viejo trazado de Nurburgring, con un recorrido de más de 22 kilómetros por vertiginosas curvas y bosques frondosos en los que resultaba muy complicado conseguir una buena puesta a punto de las motos. Luego logró la segunda posición en Le Mans (Francia), por detrás de Rodney Gould, antes de aquella victoria en Opatija que sería la última. Hace hoy 50 años.

Juan Antonio Lladós

Redacción

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